Cómo montar tu biblioteca de prompts y dejar de reescribir lo mismo

Lo normal es escribir un prompt buenísimo un martes, quedarse contento y no volver a encontrarlo nunca. Dos semanas después estás escribiendo lo mismo desde cero, peor y con prisa.

Una biblioteca de prompts arregla eso. No hace falta ninguna herramienta: un archivo de texto basta.

Por qué no vale el historial del chat

Tres motivos, todos prácticos:

  • No se busca bien. Recuerdas la respuesta, no las palabras con las que la pediste.
  • No es tuyo. Si cambias de asistente, se queda ahí.
  • No se corrige. Un prompt bueno lo es después de tres o cuatro retoques, y en el historial cada versión queda enterrada bajo la siguiente conversación.

El formato: texto plano, cero adornos

Un archivo .txt o .md en la carpeta donde tengas el resto del trabajo, sincronizada con lo que uses. Nada de aplicaciones de notas con base de datos: lo que quieres es poder buscar con Ctrl+F y copiar sin que se arrastre el formato.

Cada prompt, así:

# Contestar reseña negativa concreta
Cuándo: reseña de 1-3 estrellas que sí explica qué pasó.

[el prompt completo]

Nota: si la reseña menciona a un empleado por su nombre, quitarlo antes.

El título en una línea, cuándo se usa en otra, el prompt entero, y una nota con lo que aprendiste la última vez. Esa nota es la parte valiosa: es lo que no vuelves a descubrir por las malas.

Cuatro carpetas, no catorce

La tentación es montar una taxonomía preciosa. No lo hagas: cuanto más fina, menos la usas. Con cuatro grupos sobra:

  1. Escribir — correos, respuestas, fichas, publicaciones.
  2. Entender — resumir documentos, explicar, traducir.
  3. Decidir — comparar opciones, buscarle fallos a un plan.
  4. Ordenar — priorizar, preparar reuniones, planificar.

Casi todo lo que harás cae en uno de esos cuatro. Si algo no cae, probablemente sea una tarea de dos pasos disfrazada de una.

La regla que lo mantiene vivo

Una sola: cuando una respuesta te salga bien a la primera, guarda el prompt antes de cerrar la pestaña. Treinta segundos. Si lo dejas para luego, no hay luego.

Y la contraria: cuando un prompt te falle dos veces seguidas, no lo repares en caliente. Ábrelo, mira cuál de los cuatro bloques — contexto, tarea, formato, prohibiciones — está vacío, y rellena ese. Casi siempre es el cuarto.

Marca los huecos siempre igual

Usa corchetes y ponlos en mayúsculas: [CLIENTE], [IMPORTE], [FECHA]. Dos ventajas: se ven de lejos cuando revisas antes de enviar, y si algún día se te olvida rellenar uno, la respuesta traerá el corchete a la vista en vez de un dato inventado.

Esa es, por cierto, la misma razón por la que conviene escribir dentro del prompt «si te falta un dato, déjalo entre corchetes en vez de rellenarlo». Los huecos se ven; las invenciones, no.

Empezar con la biblioteca ya hecha

Montar la tuya desde cero funciona, pero tarda meses: hay que ir tropezando con las situaciones para saber qué prompts hacen falta.

El atajo es empezar por una que ya esté escrita para tu oficio. Cada paquete de 500 prompts viene en PDF para leerlo y en texto plano justamente para esto: se abre, se copia lo que te sirve y pasa a ser tu archivo. Cuesta 0,99 € y se descarga al momento.

Y si quieres afinar los tuyos antes de guardarlos, empieza por la estructura de un prompt en cuatro bloques y por los siete errores más frecuentes.