Casi todo el mundo usa la inteligencia artificial como si fuera un buscador: escribe cuatro palabras y espera que salga algo aprovechable. Y sale algo. El problema es qué sale: un texto que valdría para cualquier negocio del mundo y que, por eso mismo, no vale para el tuyo.
La causa casi nunca es el modelo. Es el encargo.
Un prompt es un encargo, no una pregunta
Un prompt es el texto que le das a una IA — ChatGPT, Claude, Gemini o la que uses — para que haga algo. Esa es toda la definición. Lo interesante no es qué es, sino en qué se parece a la vida real.
Imagina que entra alguien nuevo a trabajar contigo y le dices: «escribe algo para Instagram». Te traerá cualquier cosa. No porque sea torpe, sino porque no sabe a qué te dedicas, a quién le hablas, qué tono usas, qué longitud quieres ni qué hay que evitar decir. Te traerá el promedio de lo que ha visto.
La IA hace exactamente eso: cuando no le das contexto, te devuelve el promedio de internet. Y el promedio de internet es lo que ya has leído mil veces.
Las cuatro piezas de un prompt que funciona
Un encargo completo lleva cuatro cosas. Ninguna es opcional.
1. Contexto: quién eres y para quién es
Tu oficio, tu tamaño, tu cliente. «Soy fontanero autónomo en un pueblo de 8.000 habitantes; la mayoría de mis clientes son comunidades de vecinos y gente mayor.» Cuatro líneas cambian el resultado más que cualquier truco.
2. Tarea: qué tiene que hacer, con un verbo
No «háblame de precios», sino «escribe», «resume», «compara», «traduce», «clasifica», «prepara un guion». El verbo decide la forma de la respuesta.
3. Formato: cómo lo quieres
Longitud, estructura, tono, idioma. «Máximo 120 palabras, en tres párrafos, en tono cercano pero sin tutear, sin emojis.» Si no lo dices, lo decide el modelo, y suele decidir mal: demasiado largo y demasiado entusiasta.
4. Prohibiciones: qué no puede hacer
Esta es la que casi nadie escribe y la que más se nota. «No inventes precios. No prometas plazos. No digas que somos los mejores. Si te falta un dato, déjalo entre corchetes en vez de rellenarlo.»
Ese último punto — «si te falta un dato, déjalo entre corchetes» — es probablemente la frase que más disgustos ahorra. Sin ella, la IA se inventa el hueco y lo hace con mucha seguridad.
Un ejemplo, antes y después
Antes:
Escríbeme una respuesta a una reseña mala.
Resultado: un párrafo con «lamentamos profundamente su experiencia» y «su opinión es muy importante para nosotros». Suena a formulario de aerolínea.
Después:
Eres el dueño de una cafetería de barrio con seis mesas. Un cliente ha dejado una reseña de una estrella en Google diciendo que el sitio estaba sucio, sin dar más detalle, un sábado por la mañana.
Escribe una respuesta pública para Google.
Formato: máximo 60 palabras, un solo párrafo, en español de España, en primera persona del singular, tono tranquilo y adulto.
Prohibido: pedir perdón más de una vez, usar «lamentamos profundamente», discutir con el cliente, prometer regalos o descuentos, e inventar detalles que no aparecen en la reseña. Si necesitas un dato que no te he dado, déjalo entre corchetes.
El segundo prompt es cinco veces más largo y tarda treinta segundos más en escribirse. También es el único de los dos que devuelve algo que puedes publicar sin retocar.
Lo que nunca hay que pegar
Antes de meter nada en un chat, quita lo que no debería salir de tu ordenador: nombres y apellidos de clientes, teléfonos, DNI, números de póliza, matrículas, informes médicos, nóminas, contratos firmados. Sustitúyelos por «[cliente]», «[importe]», «[fecha]». La respuesta será igual de buena y tú no habrás enviado datos de otra persona a un servicio de terceros.
Y una regla más, la que se olvida cuando el texto sale bonito: revisa los datos antes de usar nada. Fechas, importes, plazos legales, nombres de productos. La IA escribe bien; acertar es otra cosa.
El atajo
Escribir prompts así, uno a uno, funciona. Lo que no funciona es hacerlo a las once de la noche cuando lo que quieres es cerrar el ordenador.
Por eso existe esta tienda: 110 paquetes de 500 prompts, cada uno escrito para un oficio concreto, con el contexto, el formato y las prohibiciones ya dentro. Se copian, se pegan y se usan. Empieza por el tuyo — oficios y talleres, comercio local y hostelería, salud, despachos — o mira los de marketing si lo que te toca es vender.